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¿Por qué necesitan las empresas hacer una Gestión ambiental de su actividad

Resulta conveniente plantearse la siguiente pregunta: ¿por qué necesitan las empresas hacer una gestión ambiental de su actividad?.

Aunque pueda parecer obvia, esta pregunta no tiene siempre una respuesta adecuada en la empresas, ni siquiera en aquellas que han invertido esfuerzo y dinero en implantar un sistema de gestión ambiental.

En el Libro Blanco de la Gestión Medioambiental en la Industria Española, editado por la Fundación Entorno, se analizaban entre otros aspectos las motivaciones de las empresas hacia la gestión ambiental.

En aquel estudio se encontraba que el cumplimiento de la legislación constituía, con gran diferencia, el principal factor de la preocupación de la industria sobre sus impactos en el medio ambiente. Otros factores analizados como: la mejora de la imagen, la reducción de los costes, las exigencias de mercado o el compromiso con el desarrollo sostenible recibían un valoración inferior.

Aunque los datos obtenidos en ese estudio quizá tuvieran que ser matizados para el momento actual, casi una década después de su elaboración, todavía son las motivaciones de tipo legal las que impulsan a la mayor parte de las empresas a la implantación de un sistema de gestión.

Sin embargo, las ventajas que se pueden obtener de una adecuada gestión ambiental no quedan restringidas a garantizar el cumplimiento de los requisitos legales o reglamentarios, ni a evitar las sanciones que se pudieran derivar de la infracción de las mismas, por cuantiosas que puedan ser. La gestión ambiental en una organización permite obtener amplios beneficios en muy diversos ámbitos. Su magnitud dependerá del tipo de actividad que desarrolle y las circunstancias particulares de cada empresa.

Estos beneficios, han de convertirse en la motivación de las organizaciones para incorporar las variables ambientales a su gestión.


Los “beneficios” de la gestión ambiental pueden clasificarse en dos categorías: Externos e Internos.

Beneficios Externos a la Empresa

Aunque los consideremos como externos, en realidad la empresa también participa de ellos, ya que aquí nos estamos refiriendo a la protección general del Medio Ambiente, entendido éste en su sentido más amplio.

Basta leer la prensa o analizar las noticias de cualquier informativo para encontrar, cada vez con más frecuencia, situaciones que afectan al Medio Ambiente y que tienen su origen en la actividad humana (sequías, inundaciones, destrucción del hábitat, despoblamiento, incendios forestales, pérdida de biodiversidad, …).

Los grandes problemas ambientales que amenazan al planeta obligan a la comunidad mundial a enfrentarse al reto de desarrollarse de tal forma que se puedan cubrir las necesidades de la población actual, pero sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas propias. Este concepto, acuñado por la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU (informe Brundtland-1987) es el que se conoce como “Desarrollo Sostenible” y que, de alguna manera, inspira los modelos de gestión ambiental actuales.

Los problemas medioambientales afectan en mayor o menor medida a todas las empresas, cualquiera que sea su actividad. En una sociedad globalizada nadie puede escapar de su responsabilidad con el Medio Ambiente y cada vez más se exige un comportamiento respetuoso con aquel.

Las amenazas ambientales que afectan al planeta, son ya en muchos casos una triste y preocupante realidad. El cambio climático, la destrucción de la capa de Ozono estratosférico, la lluvia ácida, la contaminación de las aguas, la deforestación o el problema de los residuos son solo algunos ejemplos de las situaciones que requieren una actuación decidida por parte de todos los estamentos sociales.

El progresivo crecimiento de las ciudades, el desarrollo de la industrialización y las pautas de consumo, especialmente en el primer mundo, provocan sobre el medio natural procesos negativos que lo llevan hacia un progresivo deterioro y a un desequilibrio ecológico que, de no tomarse las debidas adecuadas, puede resultar irreversible.

” El medio ambiente, como objeto de conocimiento desde una perspectiva jurídica, estaría compuesto por los recursos naturales, entre los que tradicionalmente se incluyen la flora y fauna y los tres reinos clásicos de la naturaleza con mayúsculas (el suelo, el aire y el agua) a los que se han ido incorporando otros elementos que no son naturaleza como el patrimonio histórico artístico y el paisaje”.

En 1987, La Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, elaboró un documento titulado “Nuestro Futuro Común”, también conocido como informe Brundtland como reconocimiento a la Primera Ministra de Noruega que presidía el grupo de trabajo. En ese informe se da especial relevancia al desarrollo sostenible como una alternativa al modelo de desarrollo existente hasta la fecha. Se hace ver que el desarrollo económico no puede producirse a costa de la destrucción del medio ambiente y que debe orientarse a garantizar la calidad de vida de los ciudadanos.

No hay que olvidar que el Medio Ambiente aparte del soporte de la vida, ofrece desde el punto de vista del desarrollo económico tres elementos fundamentales para éste:

– Es fuente de recursos

– Es soporte de actividades económicas

– Es receptor de los residuos y desechos de esas actividades.

La industrialización es sin duda un factor decisivo que afecta al medio ambiente, aunque no es el único. Las emisiones contaminantes a la atmósfera, los vertidos a ríos y mares, la producción de residuos, etc., conllevan unas consecuencias que deben contemplarse para minimizar su efecto negativo.

En consecuencia, la protección del Medio Ambiente ya no es solo algo conveniente, sino una auténtica necesidad. No tener en cuenta esta situación y sus implicaciones futuras no supone otra cosa que el retrasar la adopción de medidas necesarias que serán más traumáticas y costosas cuanto más tiempo tarden en llevarse a la práctica.

Aunque puede que todavía los científicos disientan en algunas cuestiones, el debate no se centra ya en la existencia de daños ambientales, sino en su magnitud y en la rapidez con la que esos efectos ambientales van a provocar un cambio en el modo de vida actual.

Los efectos negativos del desarrollo económico sobre el medio ambiente se conocen hace años, no fue hasta la década de los ochenta, cuando las sociedades occidentales y sus gobiernos, han empezado a reaccionar, con la incorporación de unas medidas tendentes a buscar un equilibrio entre el medio ambiente y los procesos derivados de la actuación humana.

En la actualidad, esta realidad ha provocado que los políticos de todo el mundo, tengan presente el medio ambiente en sus programas. Aunque pueda resultar incómodo en un principio, ya casi nadie duda de la necesidad de adoptar cambios en la pautas de consumo y producción de bienes y servicios.

¿Cómo contribuyen las empresas al Efecto Invernadero?

– Consumiendo energía que ha de obtenerse de combustibles fósiles en centrales térmicas, hornos o sistemas de calefacción.

– Utilizando vehículos que utilizan gasolina o gasóleo

– Utilizando sistemas de producción, edificios o transporte que no optimizan el consumo energético

– Utilizando y permitiendo la liberación a la atmósfera de compuestos que contribuyen al cambio climático.

– Realizando un mantenimiento deficiente de equipos e instalaciones que contribuya a un mayor consumo de energía.

En definitiva, un comportamiento más respetuoso con el Medio Ambiente por parte de las empresas, contribuye a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y a un desarrollo equilibrado.

En consecuencia, una empresa responsable, ha de mantener un comportamiento ambiental adecuado, que pasa en primer lugar por el cumplimiento de la legislación vigente.

La sociedad, directamente y a través de las Administraciones Públicas, ejerce una creciente presión sobre las empresas, exigiendo de éstas estrategias que permitan compatibilizar el desarrollo tecnológico, la calidad de vida y la conservación del medio ambiente

Beneficios Internos a la empresa

Junto con la contribución a la protección del medio ambiente global anteriormente comentada, una empresa que incorpore y haga evidente el factor ambiental en su sistema de gestión puede encontrar ventajas importantes. Estos beneficios pueden derivarse tanto de la propia gestión ambiental que haga la empresa (p.e. reducción de consumos de energía o materias primas) como del reconocimiento público que se obtenga de esa gestión (subvenciones, premios, imagen de la empresa).

En la actualidad ya hay mercados en los que los clientes, tanto privados como institucionales, son más conscientes de su influencia y no quieren sentirse parte de actividades o procesos poco respetuosos con el Medio. Cada vez se valora más el factor medioambiental y se exigen a las empresas productos y servicios más “limpios”.

Esta situación se manifiesta en forma de presiones, directas o indirectas, sobre las empresas, que han de tenerlas presentes en la definición de sus estrategias tanto comerciales como de producción. Así, las organizaciones han de dar respuesta a las presiones procedentes de:

– Los ciudadanos en general (p.e. cuando una población rechaza la instalación de determinados tipos de industrias en su término municipal). Las empresas necesitan la aprobación y el apoyo de la comunidad en la que se establecen para poder prosperar. Esto implica actuar como un “buen vecino” y contribuir al desarrollo de la comunidad. Los ciudadanos valoran su entorno y gustan de empresas que se preocupen e impulsen su conservación. En consecuencia, las empresas pueden y deben ganarse la confianza de la comunidad respondiendo a estas demandas locales, reduciendo sus efectos medioambientales y promoviendo iniciativas para mejorar y conservar el entorno.

– La Administración, que ejerce esa presión a través de su labor inspectora. Las restricciones a la concesión de licencias de funcionamiento puede ser otra forma de control.

– La Legislación, tanto estatal como europea, autonómica y local. La normativa suele ser un reflejo de los intereses sociales por regular determinados aspectos o salvaguardar bienes de interés común. En este sentido, la normativa ambiental es cada vez más amplia y exigente, lo que obliga a una continua actualización de las empresas para dar cumplimiento a sus preceptos.

– La Asociaciones No Gubernamentales, que han sido y son en muchos casos la vanguardia de las demandas sociales en materia de protección del Medio Ambiente.

– Los Competidores. En unos mercados cada vez más competitivos, el éxito empresarial en muchas ocasiones está determinado por la capacidad de anticipar los cambios que se pueden producir en ellos. Perder el tren de las nuevas tecnologías, o descuidar la atención a las nuevas demandas de los clientes puede suponer que las empresas competidoras ocupen un nicho de mercado antes propio. Muchas empresas con visión de futuro han ganado cuota de mercado vendiendo productos que reducen el impacto ambiental frente a los de sus competidores, mejorando el diseño y apostando por una producción más limpia.

– Los Clientes. Como consumidores exigimos cada vez más productos y servicios respetuosos con el medio ambiente. Además, la desconfianza de los consumidores hace que sea preciso aportar garantías de que el comportamiento ambiental de la empresa y sus productos es adecuado. Los consumidores quieren relacionarse con empresas que ofrezcan una imagen medioambiental positiva. No obstante, todavía muchos consumidores recelan del “marketing verde” cuando éste no demuestra sus ventajas medioambientales.

Junto con estas presiones externas, las empresas también deben tener en cuenta las que tienen su origen en la propia organización, a saber:

– Los Accionistas e inversores, que buscan obtener los mejores resultados posibles en sus operaciones. Por ello, también buscan una adecuada relación entre competitividad y medio ambiente. Aquellas empresas con un comportamiento ambiental inadecuado están expuestas a amenazas que las hacen menos atractivas para los inversores. Por otro parte, el uso más eficiente de recursos (energía, materias primas, agua,…) y la disminución de los gastos por gestión de residuos y efluentes, ayudan a mejorar la cuenta de resultados de las empresas.

– Los Empleados. Los trabajadores también pueden mostrar su preocupación e interés por la conservación del Medio Ambiente y esperar que la dirección de la empresa comparta ese interés. Las organizaciones deben aprovechar las iniciativas y la creatividad de sus empleados en esta materia. Mantener al personal informado e implicarlos en las mejoras medioambientales que acometa la empresa es una de las claves del éxito de la gestión ambiental.

En consecuencia, una empresa que quiera mantener su presencia en el mercado y sobrevivir en él, no se puede permitir el lujo de ignorar esas presiones, ya que eso puede traer consecuencias inmediatas en forma de: Deterioro de su imagen comercial, Reducción de su presencia en el mercado, Dificultades de relación externa y Disminución de sus ventas.

En realidad, casi todas las empresas realizan ya algún tipo de gestión ambiental. La cuestión que se plantea ahora es si esa gestión es la adecuada o la mejor posible.

Muchas industrias se limitan a aplicar medidas de tipo reactivo, es decir que dan respuesta a un problema una vez que éste ya se ha manifestado. Esta política de adoptar medidas correctivas y fundamentalmente técnicas, denominadas del tipo “end o pipe” tiene el inconveniente ser meramente adaptativas y ser dependientes de las exigencias o requisitos de cumplimiento legal que pueda establecer la autoridad competente. Se trata por lo general de actuaciones que han de aplicarse en poco tiempo, que vienen condicionadas por sanciones administrativas o de otro tipo (responsabilidades civiles o penales) y que suelen tener un alto coste.

Un ejemplo de este tipo de estrategias podríamos encontrarlo en una industria que, tras una inspección de los técnicos de la Consejería de Medio Ambiente, ha sufrido una sanción por superar los límites de emisión

Una adecuada Gestión Ambiental en la empresa permite a ésta anticiparse a los cambios que puedan producirse en su entorno, así como una mejor adaptación a las exigencias de las nuevas normativas y a un ahorro de costes que se consigue a través de la mejora de la eficiencia en los procesos productivos. Todo ello redunda una mayor competitividad de la empresa.

Esta forma de control de los aspectos ambientales de la empresa, conduce inevitablemente a un incremento constante de los costes y no elimina imagen negativa que de ella tendrán los ciudadanos y la Administración.

Según datos de la OCDE, la adopción de medidas correctoras de la contaminación eleva los costes de producción en un 15%, mientras que la implantación de medidas preventivas rebaja esa cifra al 5 %.

Así, frente al modelo tradicional de gestión ambiental antes comentado, hace ya algún tiempo se viene fomentando la aplicación de otro basado en una actuación proactiva, que se anticipe a los problemas y que sea capaz de ofrecer garantías de un comportamiento ambiental respetuoso con el entorno. Un ejemplo de este tipo de estrategias son los Sistemas de Gestión Medioambiental (SGMAs).

La gestión ambiental basada en este nuevo modelo permite mejorar la posición competitiva de la empresa. Evidentemente, la importancia relativa de los diferentes beneficios dependerá del tipo de actividad, los efectos medioambientales potenciales, la localización de la empresa, la normativa aplicable, las demandas o las expectativas de carácter medioambiental de las partes interesadas y su situación en el mercado.

BENEFICIOS POTENCIALES

Los beneficios potenciales que obtienen las empresas que implantan un modelo de gestión basado en la planificación y el compromiso ambiental:

– Ordena y facilita el cumplimiento de las obligaciones exigidas por la legislación medioambiental y su adaptación a posibles cambios.

– Reduce los riesgos de incumplimiento de a normativa legal y de daños al medio ambiente, contribuyendo así a:

    • Evitar multas y sanciones Evitar demandas judiciales Evitar costes judiciales
    • Reduce los riesgos por demandas de responsabilidades civiles y penales
    • Evita posibles pleitos por competencia desleal.

Normativo

– Se identifican los costes ambientales

– Se está en mejores condiciones para el acceso a ayudas y subvenciones tanto para la protección ambiental como de otro tipo.

– Se reducen los costes derivados de la no gestión (o gestión tradicional):

    • No calidad en la gestión medioambiental
    • Tasas y cánones
    • Sanciones
    • Consumo de recursos
    • Accidentes e incidentes
    • Limpiezas, descontaminación, restauraciones, indemnizaciones, etc., derivados de efectos accidentales o de efectos históricos

– Se evitan, o la menos se reducen, la reacciones adversas del mercado

– Es menos probable incurrir en costes derivados de la actuación de terceros debido a efectos contaminantes de la actividad de la empresa.

– Se reducen las primas de seguros de responsabilidad civil relativos al impacto ambiental.

Costes ambientales

– Se mejoran y optimizan los procesos productivos al favorecer: El control y ahorro de las materias primas

    • La reducción del consumo de la energía
    • La reducción del consumo de agua
    • El aprovechamiento y minimización de los residuos El control y la eficacia de los procesos

– Se favorece y rentabiliza la incorporación de nuevas tecnologías

– Se reducen los costes productivos

Producción

– Se favorece la integración de la gestión ambiental en la gestión general de la empresa

– Se desarrolla internamente una “cultura” de empresa que favorece a la organización por:

    • Incrementar el prestigio y la confianza de la Dirección entre los trabajadores
    • Fomentar la creatividad y participación del personal a todos los niveles

– Se refuerzan otros ámbitos de la gestión empresarial: Calidad

Prevención de Riesgos Laborales Seguridad Industrial

Comunicación e información Formación

Gestión

– Aumenta la confianza de accionistas, inversores y compañías de seguros.

– Se facilita la consecución de créditos y ayudas públicas.

– En las operaciones de adquisición, reduce los riesgos de asumir responsabilidades derivadas de las actuaciones y actividades de anteriores propietarios.

Finanzas

– Refuerza las estrategias de diferenciación de productos, como por ejemplo obtención de etiquetas ecológicas.

Ventas

– Permite la adaptación a posibles demandas del mercado, como por ejemplo la certificación por ISO 14001.

– Puede facilitar el aumento de la cuota de mercado y el incremento de los márgenes comerciales

– Puede facilitar inversiones, mejorar el control de costes y abrir oportunidades de diversificación y adquisición de otras empresas.

– Posibilita la participación en nuevas oportunidades de negocio y el desarrollo de tecnología y productos.

Marketing

– Mejora la imagen interna y externa de la empresa, facilitando: Una mejor relación con su entorno próximo

– La credibilidad ante las partes interesadas

– La participación en desarrollos normativos

Una buena gestión ambiental permite a la empresa dar respuesta a las presiones externas a las que se ve expuesta y convertir los costes derivados de esa presión en inversiones rentables.

La rentabilidad de las inversiones se materializa, entre otros, en los siguientes efectos:

  • Optimización de los procesos productivos con un incremento de rendimientos y reducción de pérdidas.
  • Reducción de consumos de materias primas, suministros, agua, energía,…
  • Reducción de contaminaciones y sustancias residuales: gases, efluentes líquidos, residuos sólidos,…
  • Reducción de los costes de oportunidad
  • Anticipación a la inspección externa dando la imagen ante la Administración de estar por delante de cualquier actividad inspectora
  • Anticipación a las nuevas exigencias derivadas de la normativa, consiguiendo así una reducción de los costes que se derivarían de la aplicación de las normas de forma no planificada.
  • Cooperación activa en la elaboración de las normas, interviniendo en defensa de los propios intereses
  • Reducción de primas de seguros
  • Obtención de ayudas y subvenciones
  • Aumento del valor de la empresa frente a posibles compradores
  • Reducción de multas y pagos a terceros
  • Reducción de las posibilidades de paradas en planta
  • Movilidad de partidas desde las cuentas de gastos a las de ingresos
  • Disponibilidad de argumentos de presión frente a proveedores.
  • Etc.

Cualquier forma de gestión ambiental que se basara en los principios de la actuación proactiva sería útil a la empresa para alcanzar los beneficios anteriormente expuestos. Así lo han hecho durante años muchas compañías, que ha establecido mecanismos o instrumentos de gestión que les permitían llevar a cabo un mejor control de sus aspectos ambientales, integrándolos en su gestión general.

Sin embargo, los modelos de gestión propios tienen el inconveniente de la dificultad de demostrar ante terceros (Administración, clientes, inversores,…) su alcance y eficacia. Esto hace que los beneficios relacionados con la imagen de la empresa queden diluidos en la “privacidad” de los modelos de gestión individuales o específicos de una única organización.

Para suplir en parte este inconveniente, se ha buscado desarrollar formas de gestión comunes a diversos colectivos (sectoriales, territoriales, etc.), de tal forma que se obtenga un reconocimiento mutuo entre las empresas participantes, al tiempo que se proporcionan pautas de actuación más eficaces fruto del consenso de los participantes.

Estos modelos o formas de gestión conjunta suelen formalizarse en acuerdos de carácter VOLUNTARIO, aunque algunos de ellos tengan el apoyo de normativas que ayudan a su regulación.

Estos acuerdos pueden tomar denominaciones diversas: Compromiso, Acuerdo, Grupo de Trabajo, Buenas Prácticas de Actuación,…

Como ejemplos de estos “compromisos” de gestión se pueden citar:

  • Compromiso de Progreso de la Industria Química
  • Iniciativa Entorno-Pyme
  • Reglamentos CE sobre Ecogestión y Ecoauditoría
  • Ecoetiquetado. Etiqueta ecológica europea
  • Grupos de trabajo para el Análisis del Ciclo de Vida
  • Etc.

La participación voluntaria en este tipo de acuerdos, obliga a las empresas a:

  • Superar controles e inspecciones realizados por agentes externos
  • Proporcionar información al público sobre procesos, instalaciones y productos.
  • Disponer de los medios materiales y humanos necesarios para la planificación y gestión
  • Aumentar la cantidad y eficacia de las medidas de control
  • Tomar la iniciativa en la revisión y actualización de la normativa

Una vez implantados, los sistemas de gestión normalizados adquieren su reconocimiento a través de un proceso de CERTIFICACIÓN, que llevan a cabo entidades independientes a la empresa y debidamente acreditadas para poder realizar esa función certificadora.

Mediante la normalización se pretende establecer un proceso por el cual se unifican criterios respecto a ciertas materias y se posibilita la utilización de un lenguaje común en un determinado ámbito de actividad. La expresión práctica de estos acuerdos son las NORMAS.

Según la define la ISO (International Standardization Organization), una norma es una especificación técnica accesible al público, establecida con la cooperación y el consenso o la aprobación general de todas las partes interesadas. Está basada en los resultados conjuntos de la ciencia, la tecnología y la experiencia que tiene por objeto el beneficio óptimo de la comunidad y que ha sido aprobado por un organismo cualificado a nivel nacional o internacional.

Como ejemplos de normas encontramos la familia de las ISO 9000 sobre sistemas de gestión de la calidad o las ISO 14000 sobre sistemas de gestión ambiental.

Entre las ventajas que ofrece la Normalización podemos encontrar:

  • La aceptación de resultados
  • Optimización del trabajo
  • Incremento de la productividad
  • Mayor facilidad de validación de métodos
  • Servir de base para nuevos y mejores procedimientos Favorecer la satisfacción del personal de la empresa.

Los organismos que se ocupan de la normalización pueden tener carácter internacional o nacional. Así, como primer organismo normalizador se puede citar la ISO (International Organization for Standardization) compuesta por una federación mundial de organismos nacionales de normalización. Los resultados de los trabajos de sus comités técnicos son normas internacionales (ISO).

Los trabajos de ISO abarcan todos los campos de la normalización a excepción de las normas correspondientes a la tecnología eléctrica y electrónica que son responsabilidad de la Comisión Electrotécnica Internacional (CEI).

En el ámbito de la Unión Europea el organismo responsable es el Comité Europeo de Normalización (CEN). Junto con el CENELEC, su homólogo en el campo de la normalización electrotécnica, es el organismo encargado de la realización de normas europeas (EN). Ambas organizaciones colaboran con el ETSI (Instituto Europeo de Normalización en Telecomunicaciones).

Las normas europeas (EN) son documentos que, una vez aprobados, deben ser adoptados íntegramente como norma nacional de cada país miembro y anula cualquier norma nacional que se encuentre en contradicción con ella.

Por último, en España, el organismo competente en esta materia es AENOR (Asociación Española de Normalización). Las normas elaboradas o adoptadas por AENOR son normas UNE.

En consecuencia, la norma UNE EN ISO 14001:2015 es, por tanto, una norma internacional (ISO), aceptada a nivel europeo (EN) y adoptada como norma nacional en el estado español (UNE).

La CERTIFICACIÓN se puede definir como la actividad de atestiguar, por medio de un documento fiable emitido por un organismo autorizado, que un determinado producto o servicio cumple con los requisitos o exigencias definidas por una norma. Es una herramienta para verificar la aplicación de las normas y de los sistemas de gestión normalizados.

El resultado último del proceso de certificación es la concesión de MARCAS de conformidad con normas, cuya utilización implica dos tipos de compromisos legales:

  1. a) Entre fabricante y comprador, por el cual el primero asegura al segundo que el producto que elabora y vende es conforme a una norma (ej. Productos no tóxicos para uso escolar).
  1. b) Entre el fabricante o productor y el organismo certificador, mediante el cual aquel reconoce el derecho de inspección por parte del organismo que certifica sobre su proceso de fabricación o gestión y, en su caso, la intervención del producto que lleva la marca para someterlo a los ensayos correspondientes.

Una marca de conformidad es una marca registrada, y por tanto protegida legalmente. Sólo puede ser aplicada o expedida cuando se respetan las reglas del sistema de certificación.

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